Inferno-parquing

Año 2019
Género Performance
Obra INFERNO. Cantos III, IV, V
Presentación Vic. Parquing del Teatre l’Atlàntida

FICHA ARTÍSTICA

Autor Dante Alighieri

Rapsoda Albert Vidal

Espíritu de Dante Noe Vidal

Percusión pregrabada Pitu Andreu

Vestuario Oghi Ochir

Espacio sonoro Denys Sanz


CRÍTICA

BAJO TIERRA, LA ESENCIA EL TEATRO

El público entraba por la rampa de los coches, hacia el primer sótano y después hacia el segundo del aparcamiento de L’Atlàntida. El paralelismo era inevitable, y buscado: descenso a los infiernos.

Albert Vidal proponía el viernes a los espectadores, una vez más, un juego teatral que comenzaba por la propia puesta en escena. El teatro es siempre una convención, pero el actor y performer es especialista en darle una vuelta más, como cuando hace más de cuatro décadas sorprendía a los vigatanos realizando un espectáculo desde el escaparate de Can Merinos.

Desubicar el teatro de sus escenarios convencionales no es algo nuevo, pero el juego que propone con Inferno va más allá. Seguidme en la ruptura del espacio, sí. Y seguidme también a través de un texto que no entenderéis del todo aunque conozcáis su contexto, porque os lo diré en el italiano medieval del siglo XIV en el que Dante escribió la Divina Comedia. Y seguidme como actor-demiurgo, porque no habrá nada más que eso: yo y mi gesto, yo y mi palabra, en un escenario que no puede ser más desnudo, en el no-lugar de un aparcamiento subterráneo.

Palabra, voz, respiración, gesto, silencios… ¿acaso hace falta algo más?

Aceptaban la propuesta las 130 personas que se habían preparado, no solo conceptualmente sino también físicamente, para pasar una hora y media en un lugar inhóspito y sin calefacción. Eran recibidas por Noé Vidal, hijo del actor, quien introducía la llegada de su padre en un monovolumen rojo que descendía por la rampa. Después, Albert Vidal se situaba sobre la alfombra turca roja de la que apenas se movería durante una hora y media.

En palabras del propio artista, fue una hora y media de “teatro sin muletas”: palabra, voz, respiración, silencios, gesto… ¿o es que hace falta algo más?

Albert Vidal acompañó al público por los cantos III, IV y V del gran poema de Dante, una de las cumbres de la literatura mundial.

El público sí tenía una muleta: un pequeño resumen que podía leer antes de cada parte para situarse en aquel recorrido por el infierno y, después, despreocuparse de entender el cien por cien y captar en el conjunto que ofrecía Vidal la esencia de Dante: el viaje por las tinieblas de la mano del poeta Virgilio, la travesía con el barquero Caronte y la visión de personajes ilustres en el limbo o condenados al tormento eterno.

“Lasciate ogni speranza voi ch’entrate” (“Abandonad toda esperanza, los que entráis”), advertía Dante en su poema.

El público descendía al aparcamiento subterráneo con una esperanza: sentir latir el teatro en su esencia. Y, una vez más, Albert Vidal obró la magia.

Jordi Vilarrodà
EL 9 NOU, 18-11-2019


ALBERT VIDAL DESCIENDE SIN MIEDO AL INFIERNO DE DANTE

El lugar escogido, tan inusual como el propio artista, fue la planta -2 del aparcamiento del Teatro Atlàntida de Vic. El montaje, sencillo, efectivo, profundo, acertado y acompañado de una iluminación en penumbra que verdaderamente nos transportaba a los infiernos, al Inferno de La Divina Comedia de Dante Alighieri.

Vidal escogió los tres primeros cantos del Inferno y los recitó como en los mejores tiempos de los rapsodas toscanos contemporáneos de Dante.

Un espectáculo diferente en el que el actor y rapsoda, en toscano del siglo XIV, nos emocionó y golpeó el espíritu con los 400 versos endecasílabos encadenados en tercetos. Unos versos que representan la odisea del protagonista hasta el corazón de las tinieblas y del inframundo, acompañado por el poeta Virgilio.

Durante la performance pudieron escucharse músicas del disco de cantos telúricos El despertar de la serpiente, con acompañamiento de teclados de Xavier Jaumot, así como cantos telúricos creados y dirigidos por Albert Vidal con presos del Centro Penitenciario de Alta Seguridad de Baganuur, en la Estepa Mongola.

Vidal demostró, una vez más, estar en plena forma y entusiasmó a un público predispuesto y entregado. Un trabajo creativo que, como siempre, está treinta años adelantado a su tiempo.

Un artista antropológico y poliédrico, narrador, transformista, actor, escenógrafo, fotógrafo, músico, cómico, bailarín, gurú oriental, príncipe telúrico, provocador, libre, amante del cine mudo, un extraordinario mimo, excesivamente expresivo, inocente, irónico, sin ningún interés por la autoestima, a veces estrambótico, naïf, onomatopéyico, siempre al límite y cerca del abismo, antitécnico, inocente, sátiro, nómada, sedentario temporal, fabulador, terapéutico, espiritual, metamórfico, seguidor de la danza japonesa butoh, buscador de horizontes impensables, bufón, crítico, reflexivo, virtuoso, improvisador, chamán, buscador del vacío cósmico y de la nada, pensador, visionario, ideólogo, investigador incansable, buscador de otras culturas, estilos y técnicas, carismático, enigmático, magnético, no líder, inquietante, lúcido y siempre un auténtico maestro del tiempo y el gesto.

Toni Carrasco
MÉS OSONA, 19-11-2019